Durante 2024, las economías en desarrollo recibieron cerca de US$1.5 billones en financiamiento externo, dividido prácticamente en partes iguales entre inversión basada en capital y endeudamiento. Aunque el financiamiento doméstico alcanzó aproximadamente US$11.9 billones, los recursos provenientes del exterior siguen siendo determinantes porque influyen directamente en las condiciones de acceso al crédito y la inversión interna.
Según las estimaciones de UNCTAD, cerrar la brecha de financiamiento requeriría incrementar tanto las fuentes internas como externas en aproximadamente un tercio respecto a los niveles actuales. Esto implicaría movilizar cada año unos US$230,000 millones adicionales en financiamiento por deuda y otros US$230,000 millones en inversión de capital.
Menos financiamiento externo para quienes más lo necesitan
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe es la disminución del peso del financiamiento internacional en las economías en desarrollo.
Mientras que en los países desarrollados las fuentes externas representan el 38% de la inversión total, en los países en desarrollo apenas alcanzan el 11%. La situación se ha deteriorado en la última década: entre 2014 y 2024 las entradas de financiamiento externo disminuyeron un 18%, mientras que el financiamiento doméstico creció un 60%.
La distribución regional también refleja importantes desigualdades. Asia y el Pacífico concentraron más del 70% de los flujos externos destinados al mundo en desarrollo, mientras que África recibió apenas el 10%, a pesar de albergar el 22% de la población de estas economías.
El costo del dinero sigue aumentando
Además de ser escaso, el financiamiento internacional resulta cada vez más costoso para los países en desarrollo.
En 2024, estas economías desembolsaron alrededor de US$384,000 millones en pagos de intereses asociados a deuda externa. Los costos del servicio de la deuda han crecido mucho más rápido que el volumen total de las obligaciones financieras.
Entre 2014 y 2024, el costo de atender la deuda externa aumentó más de un 110%, mientras que el stock total de deuda creció a un ritmo considerablemente menor. Esta tendencia refleja el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales y el incremento de las tasas de interés globales.
Presión creciente sobre los presupuestos públicos
El impacto de esta situación ya se siente en las finanzas gubernamentales.
Los pagos de intereses realizados por los gobiernos de países en desarrollo crecieron un 102% durante la última década, mientras que los ingresos públicos aumentaron apenas un 39%. Como resultado, el 73% de estas economías perdió espacio fiscal entre 2018 y 2024.
Esto significa que una mayor proporción de los presupuestos nacionales se destina al pago de deuda, reduciendo los recursos disponibles para educación, salud, infraestructura, seguridad energética y programas sociales.
Un desafío clave para el desarrollo global
Los datos de UNCTAD evidencian que el reto no consiste únicamente en atraer más inversión, sino también en garantizar condiciones de financiamiento más accesibles y sostenibles para los países en desarrollo.
La reducción de la participación del financiamiento externo, el aumento de los costos de endeudamiento y la creciente presión sobre los presupuestos públicos representan obstáculos importantes para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible antes de 2030.
En un contexto de incertidumbre económica global, la movilización de capital hacia las economías emergentes se perfila como uno de los factores decisivos para impulsar el crecimiento, reducir desigualdades y acelerar la transformación productiva que demanda el desarrollo sostenible.