Santo Domingo, RD. – El inicio de 2026 marca un hito largamente esperado para la integración internacional del Mercosur y tras más de dos décadas de negociaciones, el acuerdo de libre comercio entre el bloque sudamericano y la Unión Europea finalmente se hizo realidad.
El entendimiento representa un paso estratégico para la inserción global de la región y una clara señal de reaproximación entre dos bloques económicos que, en conjunto, concentran cerca del 25% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial.
Más allá de su relevancia política y simbólica, el acuerdo tendrá implicaciones concretas para el sector productivo, el comercio exterior, la logística y, de manera muy directa, para los puertos del Mercosur.
La reducción progresiva de aranceles, la creación de cuotas preferenciales y la disminución de barreras no arancelarias apuntan a ampliar de forma sostenida el flujo de mercancías entre ambos bloques.
Actualmente, el comercio bilateral ya presenta volúmenes significativos, aunque mantiene una estructura relativamente estable: exportación de productos primarios desde Sudamérica e importación de bienes manufacturados desde Europa.
Con la entrada en vigor del acuerdo, se espera un crecimiento tanto en valor como en volumen físico de las operaciones, lo que implicará una mayor presión sobre la infraestructura logística y portuaria de la región.
En el caso de Brasil, un estudio del Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada (Ipea) estima que el acuerdo Mercosur–Unión Europea podría incrementar el PBI brasileño en un 0,46% hasta 2040, equivalente a aproximadamente US$ 9.300 millones a precios constantes de 2023.
Además, proyecta un aumento de las inversiones del 1,49% y una ganancia neta en la balanza comercial.
El informe señala también un crecimiento más intenso de las importaciones en los primeros años —impulsado por bienes de capital e insumos— y un aumento sostenido de las exportaciones a lo largo del período.
Para los puertos del Mercosur, este nuevo escenario trae consigo desafíos operativos bien conocidos.
El incremento de buques y volúmenes, junto con mayores exigencias de previsibilidad y confiabilidad, tiende a poner en evidencia cuellos de botella estructurales: limitaciones de capacidad, tiempos de espera elevados, una integración aún insuficiente entre los distintos modos de transporte y procesos administrativos que, en muchos casos, continúan siendo excesivamente burocráticos.
En este contexto, especialistas advierten que la mejora de la competitividad derivada del acuerdo comercial solo podrá materializarse plenamente si la logística regional es capaz de absorber estos flujos con eficiencia, previsibilidad y costos alineados con las exigencias del mercado internacional.