La República Dominicana ha dejado de mirar solo hacia la tierra para abrazar plenamente su potencial marítimo, así lo afirmó Jean Luis Rodríguez, director ejecutivo de la Autoridad Portuaria Dominicana (APORDOM), al presentar el balance de una transformación que está redefiniendo el mapa logístico y turístico del país.
Desde 2020, la estrategia nacional ha dado un salto cuantitativo sin precedentes de operar apenas tres terminales de cruceros, el país se encamina a cerrar el ciclo con siete infraestructuras de clase mundial, un hito que coloca a Quisqueya en el centro de las rutas más importantes de la región.
La expansión no solo se mide en cemento y acero, sino en el flujo constante de visitantes que dinamizan la economía local. Rodríguez destacó proyecciones ambiciosas pero realistas para este año.
Taíno Bay: Consolidada como un gigante con la llegada confirmada de 1.3 millones de visitantes.
Port Cabo Rojo: El motor del Sur, que proyecta recibir cerca de 200 mil cruceristas, marcando un antes y un después para Pedernales y la región Enriquillo.
Próximas aperturas: Samaná y Arroyo Barril
El calendario de crecimiento no se detiene, el funcionario anunció que el país sumará nuevos puntos de entrada en el corto plazo
Samaná Bay Port: La primera etapa estará operativa este mismo mes de abril.
Puerto Duarte (Arroyo Barril) Su inauguración está prevista para diciembre, recibiendo su primer crucero y consolidando la oferta turística del Nordeste.
La competitividad del país ha escalado a tal nivel que los puertos nacionales ya están preparados para recibir embarcaciones de clase Oasis, los cruceros más grandes del mundo con capacidad para hasta 8,500 pasajeros, esta capacidad técnica posiciona a la República Dominicana por encima de competidores históricos en el Caribe.
Para Jean Luis Rodríguez, el éxito de la gestión no solo reside en los grandes cruceros, sino en el bienestar de la gente, en ese sentido, resaltó la construcción de 19 muelles turísticos y pesqueros en diversas zonas costeras, estos proyectos buscan dignificar la labor de las comunidades locales, permitiendo que el desarrollo portuario se traduzca en una mejor calidad de vida para las familias que viven del mar.