Santo Domingo.– La posición de la República Dominicana en el Caribe ofrece una ventaja relevante para ampliar su papel en el comercio, la logística, los servicios marítimos y la conectividad regional. Convertir esa ubicación en prosperidad compartida requiere coordinar infraestructura, instituciones, formación técnica y sostenibilidad.
En una columna publicada por Diario Libre, José Ignacio Paliza plantea que la conectividad debe asumirse como una política integral: los puertos, los corredores terrestres, los servicios de carga, la energía, los datos y la protección ambiental forman parte de una misma agenda de competitividad.
Una estrategia para conectar territorio y mercados
El enfoque toma especial relevancia ante la elaboración de la Estrategia Marítima de la República Dominicana, dispuesta mediante el Decreto 353-26. El reto consiste en definir prioridades, responsabilidades y métricas que permitan traducir las inversiones en mejoras concretas de tiempos, costos y conexiones para productores, exportadores y comunidades.
La planificación debe reconocer las funciones complementarias de las terminales del país. Haina y Caucedo pueden reforzar su rol en la red logística; Manzanillo tiene espacio para vincular puerto, energía e industria; San Pedro de Macorís puede fortalecer su relación con la producción de su entorno; y Barahona presenta oportunidades para el comercio formal con el sur de Haití.
Competitividad de extremo a extremo
La eficiencia no termina en el muelle. La digitalización de procesos, los sistemas de gestión de riesgos y el despacho ágil deben estar acompañados de accesos viales, capacidad de transporte y conexiones con los centros productivos. Una cadena logística competitiva se mide desde el origen de la mercancía hasta su destino final.
La conectividad también incorpora capital humano, seguridad e información. La formación de marinos mercantes y técnicos, el desarrollo de servicios náuticos y astilleros, la protección de rutas e infraestructuras críticas y el conocimiento detallado de las costas son elementos que amplían la capacidad del país para aprovechar su ubicación.
El desarrollo marítimo debe avanzar junto con la protección de los ecosistemas costeros, fundamentales para la pesca, el turismo y la resiliencia frente a eventos climáticos. La participación de navieros, exportadores, comunidades costeras, universidades y autoridades será clave para construir acuerdos duraderos y una hoja de ruta verificable.
Fuente y contexto: “La conectividad como prosperidad compartida”, José Ignacio Paliza, Diario Libre.