La Organización Marítima Internacional (OMI) desarrolla en Lima, Perú, un taller regional dedicado a los sistemas de rutas y notificación de buques. La actividad se celebra del 26 al 30 de octubre y busca fortalecer la capacidad de las autoridades para evaluar cuándo conviene establecer nuevas medidas de ordenamiento del tráfico o revisar las existentes.
El tema tiene un efecto directo en la seguridad de la navegación: una ruta marítima bien diseñada ayuda a organizar el movimiento de embarcaciones en zonas de tráfico denso, pasos estrechos o áreas con riesgos específicos. La OMI señala que estos instrumentos también pueden contribuir a proteger el entorno marino al reducir la probabilidad de colisiones y encallamientos.
Qué se analiza en el taller
El programa aborda los principios y criterios técnicos que se utilizan para diseñar medidas de encaminamiento, así como los procedimientos para presentar propuestas ante la organización. Entre las herramientas consideradas figuran los esquemas de separación del tráfico, las rutas de doble sentido, las zonas de precaución, las áreas que deben evitarse y las rutas de aguas profundas.
La capacitación también explica cómo se examinan las propuestas antes de que puedan ser consideradas para adopción por el Comité de Seguridad Marítima. La OMI, bajo el Convenio SOLAS y las disposiciones pertinentes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, cumple el papel internacional de establecer y adoptar estos sistemas de rutas y notificación.
La instancia en Lima está organizada por la OMI junto con la Dirección General de Capitanías y Guardacostas de Perú (DICAPI) y el Centro Jovellanos de España. Su enfoque es práctico: familiarizar a los participantes con la preparación de propuestas y con el proceso institucional que puede llevar a su evaluación.
Una agenda relevante para la región
El taller ocurre en un momento en que las administraciones costeras deben coordinar la gestión de corredores marítimos con las condiciones locales de navegación, la actividad comercial y la protección ambiental. La actividad no anuncia por sí misma cambios en rutas concretas; ofrece formación para que los Estados puedan identificar necesidades y sustentar técnicamente futuras medidas.
Para los países latinoamericanos y caribeños, la cuestión es especialmente pertinente por la diversidad de costas, canales, estrechos, áreas de pesca y rutas que conectan mercados regionales con el comercio internacional. La coordinación entre autoridades facilita que las medidas de seguridad se comprendan más allá de una jurisdicción y puedan incorporarse al marco internacional cuando corresponda.
En República Dominicana y el Caribe, la seguridad de los corredores marítimos es parte de la continuidad del abastecimiento y de la protección de las comunidades costeras. El resultado concreto dependerá de las decisiones que adopten posteriormente los Estados y de las propuestas que lleguen a los órganos técnicos de la OMI. La capacitación de Lima sirve para preparar a las autoridades para ese trabajo y fortalecer el diálogo regional sobre navegación segura.
La referencia regional también importa para la preparación de planes de contingencia. Cuando se adoptan medidas de ordenamiento, los avisos a navegantes, cartas náuticas y sistemas de notificación deben poder ser comprendidos por las embarcaciones que transitan por la zona. La formación técnica contribuye a que esas propuestas se formulen con criterios comunes y lleguen a la instancia internacional correspondiente.
Fuente: Organización Marítima Internacional.