La relación entre Panamá y China atraviesa un nuevo episodio de tensión diplomática luego de que el representante chino ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), Xie Feng, cuestionara la decisión de la Corte Suprema de Justicia panameña que declaró inconstitucional la concesión otorgada a Panama Ports Company, filial de la empresa hongkonesa CK Hutchison, para operar los puertos de Balboa y Cristóbal.
Las declaraciones generaron una rápida respuesta del canciller panameño, Javier Martínez-Acha, quien defendió la independencia del sistema judicial del país y rechazó cualquier intento de interferencia en las decisiones adoptadas por la Corte Suprema.
Impacto sobre la flota panameña
El trasfondo de la controversia trasciende el ámbito político y se adentra en el sector marítimo internacional. Según cifras presentadas por la Cancillería panameña, durante los primeros meses de 2026 un total de 461 buques con bandera panameña han sido retenidos en puertos chinos, una cifra significativamente superior a las 256 retenciones registradas durante todo el año 2025.
Las autoridades panameñas sostienen que el incremento de las inspecciones coincide con el período posterior al fallo judicial sobre la concesión portuaria, lo que ha generado preocupaciones sobre posibles repercusiones para la marina mercante panameña, considerada la más grande del mundo en términos de registro de embarcaciones.
Por su parte, China ha rechazado cualquier vinculación entre ambos acontecimientos y afirma que las inspecciones responden exclusivamente a criterios técnicos, de seguridad marítima y al cumplimiento de sus normativas nacionales.
Puertos, geopolítica y comercio marítimo
El caso evidencia cómo las decisiones relacionadas con infraestructuras estratégicas, como los puertos, pueden tener repercusiones que van más allá de la gestión operativa y convertirse en elementos de debate geopolítico.
La situación también pone de relieve la importancia de Panamá dentro del comercio marítimo internacional, no solo por la relevancia del Canal de Panamá, sino también por el peso de su registro naval en las cadenas logísticas globales.
Mientras continúan las diferencias diplomáticas, el sector marítimo observa con atención la evolución de este conflicto, cuyos efectos podrían impactar tanto las operaciones portuarias como el movimiento de la flota mercante internacional.