En el marco del 61.º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos (HRC61), la secretaria general de la UNCTAD, Rebeca Grynspan, lanzó un llamado contundente a la comunidad internacional: las mujeres no pueden ser solo beneficiarias del multilateralismo, deben ser protagonistas en su construcción y dirección.
Durante su intervención en un evento de alto nivel, Grynspan subrayó que el fortalecimiento del sistema multilateral y la defensa efectiva de los derechos humanos requieren la participación plena y el liderazgo político de las mujeres. Según explicó, la igualdad de género no es únicamente un objetivo en sí mismo, sino una condición indispensable para lograr sociedades más justas, resilientes y sostenibles.
La funcionaria destacó que, pese a avances en las últimas décadas, las mujeres continúan subrepresentadas en espacios de toma de decisiones, tanto a nivel nacional como internacional. Esta brecha —advirtió— limita la capacidad de las instituciones para responder de manera inclusiva a los desafíos globales, desde las crisis económicas hasta el cambio climático y los conflictos.
Grynspan insistió en que el multilateralismo del siglo XXI debe construirse con una perspectiva de género transversal. Esto implica no solo aumentar la presencia de mujeres en cargos políticos y diplomáticos, sino también garantizar que sus voces influyan de manera real en la formulación de políticas públicas, acuerdos internacionales y mecanismos de gobernanza global.
Asimismo, hizo un llamado a los Estados miembros, organismos internacionales y sociedad civil a redoblar esfuerzos para eliminar las barreras estructurales que enfrentan las mujeres en la vida política, entre ellas la violencia de género en la política, las brechas de financiamiento y las normas sociales discriminatorias.
El mensaje central fue claro: sin liderazgo femenino no hay multilateralismo efectivo. Promover la participación política de las mujeres —concluyó Grynspan— no es solo una cuestión de justicia, sino una inversión estratégica para avanzar en la protección de los derechos humanos y en la construcción de un orden internacional más equitativo.
La intervención se enmarca en una agenda global que busca acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, particularmente el ODS 5 sobre igualdad de género, en un contexto internacional marcado por crecientes tensiones y desafíos a la cooperación multilateral.