La congestión en Shanghai y Ningbo volvió a encender alertas para cargadores globales. Kuehne+Nagel reportó que cierres temporales por tifones consecutivos y redes marítimas ya tensionadas intensificaron los retrasos en dos de los puertos más importantes de China. En Shanghai, los tiempos de espera alcanzaron aproximadamente entre seis y once días.
El problema no se limita a un retraso local. Cuando puertos de esa escala acumulan buques fuera de ventana, las consecuencias viajan por toda la red: llegadas tardías, cambios de rotación, omisiones portuarias, nuevas fechas de atraque y presión adicional sobre patios, puertas terrestres y conexiones interiores.
La confiabilidad vuelve al centro de la discusión
Según el reporte, datos de Seaexplorer muestran que la confiabilidad global de horarios cayó a 51.9% en julio, con buques llegando en promedio alrededor de seis días tarde. Si las nuevas afectaciones por clima y cola de buques continúan presionando East China, el siguiente ciclo de indicadores podría deteriorarse.
Para importadores en América Latina y el Caribe, esta clase de disrupción puede sentirse semanas después. Un buque retrasado en Asia puede llegar fuera de ventana a transbordos, modificar conexiones feeder, desplazar carga a otros servicios o generar sobrecostos por inventario, almacenamiento y urgencias aéreas.
La congestión de ráfaga gana frecuencia
Kuehne+Nagel advierte que una normalización rápida es poco probable. Reabrir terminales no elimina de inmediato la fila acumulada de buques ni el desorden de ventanas perdidas. Además, los transportistas ajustan velocidades y rotaciones para reducir impacto, pero esas medidas también pueden trasladar retrasos a puertos siguientes.
El fenómeno encaja en una presión más estructural: una cartera importante de nuevos portacontenedores seguirá incorporando buques de mayor tamaño entre 2027 y 2028. A medida que esos buques pasen a más rutas, los puertos tendrán que manejar intercambios de carga más grandes en periodos más cortos. El resultado puede ser más congestión de ráfaga, con picos intensos de demanda en muelle, patio, camión y ferrocarril.
Qué deben hacer los cargadores
Las señales que conviene monitorear incluyen más buques fondeados, esperas extendidas, restricciones de puerta, cambios de rotación con poco aviso y brechas crecientes entre hora estimada y real de llegada. La respuesta no debería limitarse a esperar nuevas fechas de naviera.
Para cargas críticas, conviene añadir tiempo de seguridad, revisar alternativas de puerto, separar inventario por prioridad y coordinar con forwarders sobre rutas de contingencia. En mercados caribeños donde el transbordo tiene un peso alto, la visibilidad temprana puede ser la diferencia entre absorber el retraso o perder una ventana comercial completa.
Fuente: Kuehne+Nagel – Port congestion set to remain a moving target for shippers.