Un puerto del mar del Norte acaba de incorporar un flujo de carga distinto al de los contenedores y los graneles tradicionales. La terminal especializada de Esbjerg, en Dinamarca, comenzó a operar comercialmente como parte de Greensand, una cadena de captura y almacenamiento de dióxido de carbono. El CO₂ licuado llega por carretera, pasa por almacenamiento temporal en el puerto y continúa a bordo de un buque hacia un depósito geológico marino.
Según Splash247, el transporte marítimo estará a cargo del Carbon Destroyer 1, construido para esta operación. Su destino es el campo Nini West, situado aproximadamente a 250 kilómetros de Esbjerg, donde el gas se almacenará en un antiguo reservorio petrolero a unos 1.800 metros bajo el lecho marino. La puesta en servicio comercial sigue a una fase de demostración y convierte una secuencia de captación, movimiento terrestre, terminal portuaria y traslado marítimo en una operación permanente.
La primera fase tiene capacidad para manejar y almacenar hasta 400.000 toneladas de CO₂ al año. El sistema Greensand, considerado en su conjunto, está diseñado para escalar a entre cuatro y ocho millones de toneladas anuales. Es importante no confundir esas magnitudes: la cifra mayor representa potencial de expansión, no volumen ya transportado ni almacenado. El proyecto está encabezado por INEOS Energy junto con Harbour Energy y el fondo estatal danés Nordsøfonden.
Lo relevante para el sector portuario es la coordinación entre modos. Un camión que entrega CO₂ licuado, un tanque que lo recibe y un buque que lo lleva mar adentro deben operar como eslabones de una misma cadena. La terminal cumple una función de amortiguador entre la llegada terrestre y las salidas por mar. La información disponible confirma el inicio comercial y las capacidades anunciadas, pero no detalla la frecuencia de viajes del buque ni el volumen movilizado desde la apertura. Tampoco ofrece una cifra de inversión que pueda atribuirse al proyecto.
El caso muestra una posible nueva especialización para algunos puertos: servir de interfaz para cargas vinculadas a proyectos de captura de carbono. No es una actividad que pueda trasladarse automáticamente a cualquier terminal. Requiere instalaciones adaptadas al producto, una ruta de transporte definida y un lugar de almacenamiento autorizado. Precisamente por eso Esbjerg resulta interesante: la infraestructura portuaria forma parte de una cadena completa, en vez de aparecer como una pieza aislada de un plan de descarbonización.
Para República Dominicana, el Caribe y Latinoamérica, el aprendizaje inmediato es de planificación, no de réplica. Si en el futuro se estudiaran cadenas marítimas de CO₂ en la región, habría que evaluar conjuntamente fuentes de captura, movimientos terrestres, instalaciones portuarias, buques y almacenamiento final. Esbjerg no demuestra por sí solo la viabilidad económica de otros proyectos; sí ofrece una referencia operativa sobre cómo se integra un puerto cuando la carga no termina en el muelle, sino bajo el fondo marino. También deja una cuestión abierta para el seguimiento periodístico: cuánto tardará la cadena en acercarse a la escala prevista y qué volúmenes efectivamente pasen por la terminal en sus primeros meses. Por ahora, las cifras publicadas describen capacidades y diseño, no un balance de toneladas ya almacenadas.
Fuente: Splash247.