Una nueva disposición del Gobierno haitiano cambia de forma directa la ruta que pueden seguir las importaciones destinadas a Haití. Las mercancías originadas en terceros países ya no podrán utilizar el territorio de República Dominicana como vía de tránsito antes de cruzar la frontera terrestre, según una circular del Ministerio de Economía y Finanzas de Haití divulgada este fin de semana.
La medida obliga a que esos cargamentos lleguen directamente a puertos o aeropuertos haitianos, donde deberán completar los procedimientos de la Administración General de Aduanas y pagar los derechos e impuestos correspondientes. Para transportistas, agentes de carga, importadores y operadores fronterizos, la decisión supone revisar itinerarios, contratos y tiempos de entrega en uno de los corredores comerciales más sensibles del Caribe.
Qué cambia en la operación
La circular, fechada el 30 de septiembre y firmada por Serge Gabriel Collin, establece que el territorio dominicano no puede utilizarse como ruta de tránsito para bienes comprados en otros mercados con destino final en Haití. En la práctica, un contenedor procedente de Asia, Europa, Estados Unidos u otra economía ya no debería desembarcar en un puerto dominicano para continuar por carretera hacia un paso fronterizo haitiano.
Esos flujos tendrán que dirigirse a instalaciones marítimas o aéreas de Haití. Allí quedarán sujetos a la declaración aduanera, inspección, liquidación de tributos y liberación de la carga dentro del sistema haitiano. La orden también instruye a reforzar los controles para hacer cumplir el nuevo esquema.
La restricción no equivale a un cierre total del comercio bilateral. Los bienes producidos legalmente en República Dominicana podrán seguir ingresando por los pasos terrestres autorizados, de acuerdo con la información publicada. La diferencia central está en el origen de la mercancía: el intercambio de productos dominicanos conserva una vía formal, mientras que los bienes de terceros países deberán utilizar una entrada directa a Haití.
Presión sobre costos y capacidad
El cambio puede elevar la demanda sobre navieras, aerolíneas de carga, puertos, aeropuertos, depósitos y agencias aduanales que atienden el mercado haitiano. También puede obligar a renegociar reservas ya planificadas a través de terminales dominicanas. Los importadores deberán comparar la disponibilidad de servicios directos, la frecuencia de las escalas y la capacidad real de recepción antes de decidir cómo reorganizar sus cadenas.
En el transporte terrestre dominicano, la disposición podría reducir parte del volumen internacional que llegaba al país para seguir hacia Haití. Sin embargo, el alcance final dependerá de la aplicación efectiva de los controles, de las aclaraciones operativas que emitan las autoridades y de la capacidad de los puertos haitianos para absorber los nuevos flujos sin generar demoras.
Un corredor que necesita reglas claras
La isla comparte una frontera donde convergen comercio formal, mercados binacionales y operaciones logísticas complejas. Un cambio de esta magnitud exige coordinación documental para evitar que cargas en tránsito queden detenidas, acumulen costos de almacenaje o enfrenten instrucciones contradictorias entre transportistas y autoridades.
Para las empresas dominicanas que venden productos propios a Haití, la prioridad será demostrar con precisión el origen de la mercancía. Certificados, facturas, manifiestos y declaraciones deberán coincidir, porque la distinción entre producción dominicana y simple tránsito internacional pasa a ser decisiva.
La medida abre una etapa de ajustes para toda la cadena. Más que un cambio aislado de ruta, redefine qué infraestructura captura el movimiento, dónde se realiza el despacho y quién asume el riesgo de una demora. En un mercado que depende de suministros importados, la velocidad con la que operadores y autoridades aclaren los procedimientos determinará si la transición ocurre con continuidad o con fricción.
Fuente: Diario Libre.