El Puerto de Long Beach movilizó 997.177 TEU en septiembre y estableció un nuevo récord mensual, de acuerdo con las cifras publicadas por la autoridad portuaria y recogidas por Seatrade Maritime News. El total superó el máximo anterior, registrado en octubre de 2024, y representó un aumento interanual de 25%. El dato coloca nuevamente la presión sobre la capacidad de los terminales, los patios y las conexiones terrestres de uno de los principales accesos marítimos de Estados Unidos.
El impulso provino sobre todo de la carga de entrada. Las importaciones alcanzaron 509.390 TEU, un alza de 31,3% frente a septiembre del año anterior. En cambio, las exportaciones sumaron 91.747 TEU. La relación entre contenedores importados y exportados superó cinco a uno, una diferencia que repercute en la disponibilidad y el reposicionamiento de equipos vacíos, así como en la coordinación de servicios entre terminales, transportistas y depósitos.
Una demanda que se prolonga
La autoridad portuaria atribuyó el movimiento a varios factores que están influyendo en las decisiones de los cargadores: estrategias para controlar costos frente al precio del diésel, restricciones de acceso al Canal de Panamá y la posibilidad de cambios en la relación comercial entre Estados Unidos y China. Esos elementos fueron presentados como explicaciones del volumen excepcional, no como una garantía de que el mismo ritmo se mantendrá en los meses siguientes.
La temporada alta transpacífica, que suele concentrar los embarques antes de los periodos de mayor consumo, parece extenderse más allá de su ventana habitual. Para los operadores, eso significa que la planificación de turnos, transporte terrestre y espacio en patios debe considerar una demanda menos concentrada en el calendario. Cuando los contenedores llegan en grandes oleadas, la eficiencia de cada eslabón pasa a depender de que los camiones, trenes y centros de distribución puedan absorber el volumen sin crear cuellos de botella.
En el acumulado de enero a septiembre, Long Beach movió 7,68 millones de TEU, 3,9% más que en el mismo periodo del año anterior. El récord mensual, por tanto, se apoya en una tendencia anual positiva, aunque los cambios en tarifas, políticas comerciales y rutas pueden modificar la composición de los flujos. Los datos disponibles no permiten concluir por sí solos que todo el aumento corresponda a inventarios adelantados o a una sola causa.
Qué puede leer el Caribe en estas cifras
Para los puertos del Caribe y América Latina, el caso sirve como referencia de cómo una alteración de rutas o costos puede redistribuir la carga entre terminales y periodos. No implica que los puertos de la región vayan a experimentar el mismo patrón. Sí subraya la importancia de vigilar la proporción entre importaciones y exportaciones, la permanencia de contenedores y la disponibilidad de transporte terrestre, además del volumen bruto atendido.
La competitividad de un puerto no depende únicamente de mover más unidades. También cuenta la capacidad de mantener flujos previsibles desde el muelle hasta el destino final y de devolver equipos vacíos con eficiencia. Si el pico de Long Beach se prolonga, cargadores y transportistas tendrán que ajustar reservas, ventanas de recepción y planes de inventario. Si se modera, el desafío será gestionar el descenso sin dejar capacidad o equipos mal ubicados.
El nuevo máximo confirma que la demanda puede superar previsiones incluso en una temporada ya avanzada. Para la cadena logística regional, el mensaje práctico es seguir los datos mensuales y los tiempos de tránsito, evitando convertir un récord puntual en una proyección automática para los próximos meses.
Fuente: Seatrade Maritime News.