El recrudecimiento de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente ha dejado de ser una crisis regional para convertirse en un factor estructural que está transformando el comercio marítimo mundial.
Lo que comenzó como una interrupción en el Mar Rojo se ha expandido hacia el Estrecho de Ormuz, provocando un «efecto dominó» que combina congestión portuaria masiva, desvíos históricos y una escalada agresiva en las tarifas de transporte.
Para empezar, el Estrecho de Ormuz está bajo fuego, como por ahí pasa el 20% del petróleo mundial, el precio del combustible marino (el VLSFO) se ha disparado, Lars Jensen ya avisó que el promedio global anda por los US$1.068 la tonelada.
Aunque el índice de Drewry (WCI) marca un precio de US$2.172/FEU, el peligro real no es la tarifa base, sino los recargos.
Entre los PSS (temporada alta) y los GRI (aumentos generales), el costo final por contenedor puede subir miles de dólares de la noche a la mañana.
Como dice Peter Sand de Xeneta, ahora mismo hay una lucha por la capacidad, los dueños de la carga están pagando lo que sea con tal de que sus contenedores no se queden parados en un puerto de transbordo.